El “Cerebro” de Internet para América Latina

 

nap

¿Sabía usted que cuando envía un correo electrónico desde América Latina es probable que éste pase por un fortín en Miami antes de seguir el viaje hacia su destino final?

 Esta ciudad estadounidense, un lugar de paso para tantas personas y mercancías, también lo es para nuestra información digital: por el sur del estado de Florida llegan varios de los cables submarinos que vinculan a la región con el resto del mundo.

Por eso, en el centro de Miami está ubicado un gigantesco cubo de concreto a donde llega la información que luego debe ser redirigida.

Se trata del Network Access Point of the Americas (NAP, por sus siglas en inglés), uno de los centros de procesamiento de datos más grandes del mundo, con más de 66.000 metros cuadrados capaces de soportar huracanes de categoría cinco.

Es, en pocas palabras, uno de los cerebros de internet, un centro que facilita todas las actividades que hacemos cuando nos conectamos desde nuestro computador, como dice Douglas Alger, autor de The Art of the Data Center.

Y aunque las medidas de seguridad son altísimas y el ingreso está estrictamente controlado, BBC Mundo tuvo acceso a este cerebro para describirles cómo funciona por dentro.

  • Ubicado en el centro de Miami, fue diseñado para soportar huracanes de categoría 5.
  • Su construcción comenzó en agosto de 2000 y se puso en funcionamiento en junio de 2001, justo durante la burbuja de los puntocom y antes del 11 de septiembre.
  • Tiene servicio de electricidad continuo ofrecido por 12 sistemas de energía, y su superficie total es de más de 66.000 metros cuadrados.
  • Más de 11.000 de esos metros cuadrados están ocupados por el gobierno de Estados Unidos.
  • Más de 160 operadores de internet intercambian información en el NAP.

Imagínense por un momento que el NAP de las Américas no es un lugar lleno de cables y computadores con luces titilantes, sino un aeropuerto internacional.

Por acá no pasan pasajeros con exceso de equipaje sino e-mails o pesados archivos adjuntos, y no hay aviones sino unidades portadoras de datos.

También hay seguridad, pero no sólo guardias y máquinas de rayos equis, sino también firewalls (cortafuegos) y otros dispositivos para detectar y protegerse de intrusiones.

El centro tiene un equipo de expertos sentado frente a al menos 12 pantallas gigantes que registran la información que permite mantener la seguridad de este cubo digital: desde la lista de más buscados del FBI hasta las predicciones sobre el clima y canales de noticias 24 horas.

nap3

Eso es, en esencia, el NAP de las Américas: un gran aeropuerto por donde pasa el 90% del tráfico de Sudamérica y Centroamérica, según le dijo a BBC Mundo Ben Stewart, el vicepresidente de ingeniería de instalaciones del NAP.

“Muchas personas no entienden lo que es la internet. Creen que es algo muy complejo, pero en realidad es algo muy simple. Es muy real y tangible”, dice Stewart mientras recorre este centro, que él define como “un parque infantil para ingenieros”.
El corazón

Como buen parque infantil, el NAP está lleno de colores.

Aunque, en esencia, es sólo un puñado de cables, conexiones y servidores, estos están diseñados de tal manera que el lugar no tiene el aspecto lúgubre de una bodega.

El corazón de ese parque infantil es lo que en inglés se conoce como el “peering room”.
centro de operaciones del NAP

En el centro de operaciones hay al menos 12 pantallas gigantes con información clave para la seguridad del edificio.

Se trata de un recinto en el segundo piso del edificio donde se conectan las redes de internet para que los clientes de cada una de ellas intercambien su información.

Por las conexiones del centro fluyen 18 ó 19 gigabits por segundo, según Stewart, lo que equivaldría a unas 36.000 canciones por segundo.

El NAP, a diferencia de otros centros de procesamiento de datos, tiene como función principal alquilar los equipos a terceros en su propio espacio físico para que ellos intercambien información por su cuenta.

Por eso acá confluyen entidades y proveedores tan distintos como el restaurante Subway, la Bibnap2lioteca del Congreso de Estados Unidos y algunas agencias gubernamentales estadounidenses que tienen influencia en América Latina.

Y por esa información tan sensible y variada, la seguridad es tan alta: no se permite la entrada de cámaras y otros equipos electrónicos y, por ejemplo, para ingresar al tercer piso, donde se manejan los datos clasificados del gobierno de Estados Unidos, hay que ser estadounidense y se debe contar con un permiso especial.

El periodista Douglas Alger destacó en su libro The Art of the Data Center 17 centros de datos que, como el NAP de las Américas, juegan un papel importante en las comunicaciones mundiales.

“Algunos son abiertos y pueden ser usados por el público, mientras otros apoyan las actividades de compañías específicas”, le dice a BBC Mundo.

“El centro de datos de una compañía puede ser un armario diminuto sin respaldos de seguridad, mientras el de otra organización puede tener capas múltiples de infraestructura de apoyo”.

Alger resalta, por ejemplo, un centro de datos en Barcelona que está ubicado en una capilla de la década de 1920 o uno en Estocolmo situado en un antiguo búnker nuclear bajo tierra.

Así, el NAP se suma a un listado amplio de centros que sirven como puntos de conexión en diferentes partes del mundo.

Así, las paredes del NAP están reforzadas con concreto de 18 centímetros, el edificio no tiene ventanas y está ubicado en una de las partes más altas de Miami. Además, las antenas satelitales en su techo están cubiertas para que nadie pueda determinar hacia donde están apuntando.
Riesgos

¿Pero qué pasa si llega un huracán como Andrew, que arrasó inesperadamente el sur de la Florida en 1992? ¿Se caería internet en América Latina?

Ben Stewart dice que la respuesta es no. Y agrega que la razón es que la internet se arregla por sí misma.

Según este ingeniero, si el NAP de Miami dejara de funcionar, también dejaría de enviar las señales que indican que está recibiendo información. Los routers (enrutadores) dejarían, por tanto, de enviar datos por esa ruta y buscarían una distinta.

Los usuarios podrían sentir que la información se tarda más de lo normal por los caminos alternos que ésta tendría que tomar, pero eventualmente llegaría a su destino.

“Así nos aseguramos de que las comunicaciones de internet nunca fallen, incluso si colapsa el NAP de Miami (¡Que no va a pasar!)”.

Así demuestra Ben Stewart su confianza en su jardín infantil, en su aeropuerto, en este cerebro por el que pasa buena parte de la información neurálgica que consumimos día a día.

Fuente: BBC Mundo

Post Más Recientes

Ver más Entradas
Scroll to Top